«Es además urgentísimo que se renueve en todos, sacerdotes, religiosos y laicos, la conciencia de la absoluta necesidad de la pastoral familiar como parte integrante de la pastoral de la Iglesia, Madre y Maestra. Repito con convencimiento la llamada contenida en la Familiaris consortio: “...cada Iglesia local y, en concreto, cada comunidad parroquial debe tomar una conciencia más viva de la gracia y de la responsabilidad que recibe del Señor, en orden a la promoción de la pastoral familiar. Los planes de pastoral orgánica, a cualquier nivel, no deben prescindir nunca de tomar en consideración la pastoral de la familia” (n. 70).


16 de marzo de 2017

EL PAPA FRANCISCO EN LA CATEQUESIS «DEL ENCUENTRO CON EL ROSTRO MISERICORDIOSO DE JESÚS, NACE LA ALEGRÍA DE LA ESPERANZA ».

Texto completo de la catequesis del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Sabemos bien que el gran mandamiento que nos ha dejado el Señor Jesús es aquel de amar: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente y amar al prójimo como a nosotros mismos (Cfr. Mt 22,37-39). Es decir, estamos llamados al amor, a la caridad y esta es nuestra vocación más alta, nuestra vocación por excelencia; y a esa está ligada también la alegría de la esperanza cristiana. Quien ama tiene la alegría de la esperanza, de llegar a encontrar el gran amor que es el Señor.
El Apóstol Pablo, en el pasaje de la Carta a los Romanos que hemos apenas escuchado, nos pone en guardia: existe el riesgo que nuestra caridad sea hipócrita, que nuestro amor sea hipócrita. Entonces nos debemos preguntar: ¿Cuándo sucede esto, esta hipocresía? Y ¿Cómo podemos estar seguros de que nuestro amor sea sincero, que nuestra caridad sea auténtica? ¿De no aparentar de hacer caridad o que nuestro amor no sea una telenovela? Amor sincero, fuerte.
La hipocresía puede introducirse en todas partes, también en nuestro modo de amar. Esto se verifica cuando nuestro amor es un amor interesado, motivado por intereses personales; y cuantos amores interesados existen… cuando los servicios caritativos en los cuales parece que nos donamos son realizados para mostrarnos a nosotros mismos o para sentirnos satisfechos: “pero, qué bueno que soy”, ¿no?: esto es hipocresía; o aún más, cuando buscamos cosas que tienen “visibilidad” para hacer alarde de nuestra inteligencia o de nuestras capacidades. Detrás de todo esto existe una idea falsa, engañosa, es decir que, si amamos, es porque nosotros somos buenos; como si la caridad fuera una creación del hombre, un producto de nuestro corazón. La caridad, en cambio, es sobre todo una gracia, un regalo; poder amar es un don de Dios, y debemos pedirlo. Y Él lo da gustoso, si nosotros se lo pedimos. La caridad es una gracia: no consiste en el hacer ver lo que nosotros somos, sino en aquello que el Señor nos dona y que nosotros libremente acogemos; y no se puede expresar en el encuentro con los demás si antes no es generada en el encuentro con el rostro humilde y misericordioso de Jesús.
Pablo nos invita a reconocer que somos pecadores, y que también nuestro modo de amar está marcado por el pecado. Al mismo tiempo, sin embargo, se hace mensajero de un anuncio nuevo, un anuncio de esperanza: el Señor abre ante nosotros una vía de liberación, una vía de salvación. Es la posibilidad de vivir también nosotros el gran mandamiento del amor, de convertirnos en instrumentos de la caridad de Dios. Y esto sucede cuando nos dejamos sanar y renovar el corazón por Cristo resucitado. El Señor resucitado que vive entre nosotros, que vive con nosotros es capaz de sanar nuestro corazón: lo hace, si nosotros lo pedimos. Es Él quien nos permite, a pesar de nuestra pequeñez y pobreza, experimentar la compasión del Padre y celebrar las maravillas de su amor. Y entonces se entiende que todo aquello que podemos vivir y hacer por los hermanos no es otra cosa que la respuesta a lo que Dios ha hecho y continúa a hacer por nosotros. Es más, es Dios mismo que, habitando en nuestro corazón y en nuestra vida, continúa a hacerse cercano y a servir a todos aquellos que encontramos cada día en nuestro camino, empezando por los últimos y los más necesitados en los cuales Él en primer lugar se reconoce.
El Apóstol Pablo, entonces, con estas palabras no quiere reprocharnos, sino mejor dicho animarnos y reavivar en nosotros la esperanza. De hecho, todos tenemos la experiencia de no vivir a plenitud o como deberíamos el mandamiento del amor. Pero también esta es una gracia, porque nos hace comprender que por nosotros mismos no somos capaces de amar verdaderamente: tenemos necesidad de que el Señor renueve continuamente este don en nuestro corazón, a través de la experiencia de su infinita misericordia. Y entonces sí que volveremos a apreciar las cosas pequeñas, las cosas sencillas, ordinarias; que volveremos a apreciar todas estas cosas pequeñas de todos los días y seremos capaces de amar a los demás como los ama Dios, queriendo su bien, es decir, que sean santos, amigos de Dios; y estaremos contentos por la posibilidad de hacernos cercanos a quien es pobre y humilde, como Jesús hace con cada uno de nosotros cuando nos alejamos de Él, de inclinarnos a los pies de los hermanos, como Él, Buen Samaritano, hace con cada uno de nosotros, con su compasión y su perdón.
Queridos hermanos, lo que el Apóstol Pablo nos ha recordado es el secreto para estar – uso sus palabras – es el secreto para estar “alegres en la esperanza” (Rom 12,12): alegres en la esperanza. La alegría de la esperanza, para que sepamos que en toda circunstancia, incluso en las más adversas, y también a través de nuestros fracasos, el amor de Dios no disminuye. Y entonces, con el corazón visitado y habitado por su gracia y por su fidelidad, vivamos en la gozosa esperanza de intercambiar con los hermanos, en lo poco que podamos, lo mucho que recibimos cada día de Él. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)


5 de marzo de 2017

LA CRUZ REVELA DE MANERA EXTREMA LA SOLIDARIDAD DE JESÚS CON LOS QUE HAN PERDIDO LA DIGNIDAD PORQUE NO CUENTAN CON LO NECESARIO, DICE EL PAPA

Escribe Francisco en el número 19 de Misericordia et Mísera; "... Pensemos solamente, a modo de ejemplo, en la obra de misericordia corporal de vestir al desnudo (cf. Mt 25,36.38.43.44). Ella nos transporta a los orígenes, al jardín del Edén, cuando Adán y Eva se dieron cuenta de que estaban desnudos y, sintiendo que el Señor se acercaba, les dio vergüenza y se escondieron (cf. Gn 3,7-8). Sabemos que el Señor los castigó; sin embargo, él «hizo túnicas de piel para Adán y su mujer, y los vistió» (Gn 3,21). La vergüenza quedó superada y la dignidad fue restablecida".
"Miremos fijamente también a Jesús en el Gólgota. El Hijo de Dios está desnudo en la cruz; su túnica ha sido echada a suerte por los soldados y está en sus manos (cf. Jn 19,23-24); él ya no tiene nada. En la cruz se revela de manera extrema la solidaridad de Jesús con todos los que han perdido la dignidad porque no cuentan con lo necesario. Si la Iglesia está llamada a ser la «túnica de Cristo»[1] para revestir a su Señor, del mismo modo ha de empeñarse en ser solidaria con aquellos que han sido despojados, para que recobren la dignidad que les han sido arrebatada. "Estuve desnudo y me vestieron" (Mt 25,36) implica, por tanto, no mirar para otro lado ante las nuevas formas de pobreza y marginación que impiden a las personas vivir dignamente". @jesuitaGuillo



CONSULTAR LA BIBLIA TAN A MENUDO COMO AL TELÉFONO CELULAR

EL PAPA FRANCISCO EN EL ÁNGELUS: FAMILIARIZARSE CON LA BIBLIA PARA LUCHAR CONTRA EL MAL.


Texto de la reflexión del Papa antes de la oración del Ángelus:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En este primer domingo de Cuaresma, el Evangelio introduce en el camino hacia la Pascua, y nos muestra a Jesús que permanece durante cuarenta días en el desierto, sujeto a las tentaciones del diablo (cf. Mt 4,1-11). Este episodio se coloca en un momento preciso de la vida de Jesús: inmediatamente después de su bautismo en el río Jordán y antes del ministerio público. Él acaba de recibir la investidura solemne: el Espíritu de Dios descendió sobre Él, el Padre del cielo lo declaró "Mi Hijo amado" (Mateo 3:17). Jesús está ya listo para comenzar su misión; y porque tiene un enemigo declarado, es decir, Satanás, Él lo afronta de inmediato, "cuerpo a cuerpo". El diablo hace presión sobre el título de "Hijo de Dios" para alejar a Jesús del cumplimiento de su misión: "Si eres Hijo de Dios ...", le repite tres veces(v 3.6), y le propone hacer gestos milagrosos, de hacer el mago, como convertir las piedras en pan para satisfacer su hambre, y saltar de los muros del templo haciéndose salvar por los ángeles. A estas dos tentaciones, sigue la tercera: adorarlo a él, el diablo, para tener el dominio sobre el mundo (cf. v. 9).
Mediante esta triple tentación, Satanás quiere desviar a Jesús de la senda de la obediencia y la humillación - porque sabe que así, por este camino, el mal será vencido - y llevarlo por el falso atajo hacia el éxito y la gloria. Pero las flechas venenosas del diablo son todas los "paradas" por Jesús con el escudo de la Palabra de Dios (vv. 4.7.10) que expresa la voluntad del Padre. Jesús no dice alguna palabra propia: sólo responde con la Palabra de Dios. Y así el Hijo, lleno de la fuerza del Espíritu Santo, sale victorioso del desierto.
Durante los cuarenta días de la Cuaresma, como cristianos estamos invitados a seguir las huellas de Jesús y a hacer frente a la batalla espiritual contra el maligno con la fuerza de la Palabra de Dios. No con nuestra palabra: no sirve. La Palabra de Dios: aquella que tiene la fuerza para derrotar a Satanás. Para ello hay que familiarizarse con la Biblia: leerla menudo, meditarla, asimilarla. La Biblia contiene la Palabra de Dios, que siempre es actual y eficaz. Alguien dijo: ¿qué pasaría si tratamos la Biblia como tratamos a nuestro teléfono móvil? Si la lleváramos siempre con nosotros, o al menos el pequeño Evangelio de bolsillo, ¿qué sucedería? Si nos volviéramos cuando nos la olvidamos: tú te olvidas el teléfono celular... "¡úh! ¡No lo tengo, vuelvo a buscarlo!". Si la abriéramos varias veces al día; si leyéramos los mensajes de Dios contenidos en la Biblia como leemos los mensajes del teléfono... ¿qué sucedería? Claramente la comparación es paradójica, pero hace reflexionar. De hecho, si tuviéramos la Palabra de Dios siempre en el corazón, ninguna tentación podría alejarnos de Dios y ningún obstáculo podría desviarnos del camino del bien; sabríamos vencer las sugerencias cotidianas del mal que está en nosotros y fuera de nosotros; seríamos más capaces de vivir una vida resucitada según el Espíritu, acogiendo y amando a nuestros hermanos, especialmente a los más vulnerables y necesitados, y también a nuestros enemigos.
Que la Virgen María, icono perfecto de la obediencia a Dios y de la confianza incondicional a su voluntad, nos sostenga en nuestro camino cuaresmal, a fin de que nos pongamos en dócil escucha de la Palabra de Dios para hacer una verdadera conversión del corazón.


3 de marzo de 2017

PAPA FRANCISCO: LA BRÚJULA DEL CRISTIANO ES LA CRUZ DE CRISTO

PALABRA DE VIDA

«¡Reconciliaos con Dios!» (2 Co 5, 20)
 En muchos lugares del planeta hay guerras sangrientas que parecen interminables y que afectan a familias, tribus y pueblos. Gloria, de 20 años, cuenta: «Nos enteramos de que habían quemado un pueblo y muchas personas se habían quedado sin nada. Junto con mis amigos, organicé una recogida de cosas: colchones, ropa, alimentos; fuimos allá, y tras 8 horas de viaje encontramos a la gente destrozada. Escuchamos sus relatos, les secamos las lágrimas, los abrazamos, los consolamos… Una familia nos confió: «Nuestra niña estaba en la casa que nos quemaron y nos parecía haber muerto con ella. Ahora encontramos en vuestro amor la fuerza de perdonar a los hombres que lo han provocado».
También el apóstol Pablo vivió su propia experiencia: precisamente él, el perseguidor de los cristianos (cf. Hch22, 4ss.), se encontró en su camino, de un modo completamente inesperado, con el amor gratuito de Dios, quien luego lo envió como embajador de reconciliación en su nombre (cf. 2 Co, 5, 20).
Así se convirtió en testigo apasionado y creíble del misterio de Jesús muerto y resucitado, que ha reconciliado al mundo consigo para que todos puedan conocer y experimentar la vida de comunión con Él y con los hermanos (cf. Ef 2, 13ss.). Y, a través de Pablo, el mensaje evangélico llegó y fascinó incluso a los paganos, considerados los más alejados de la salvación: ¡reconciliaos con Dios!
También nosotros, a pesar de errores que nos desaniman o de falsas certezas que nos convencen de que no la necesitamos, podemos dejar que la misericordia de Dios – ¡un amor exagerado!– nos cure el corazón y nos haga por fin libres de compartir este tesoro con los demás. Así contribuiremos al proyecto de paz que Dios tiene sobre toda la humanidad y sobre la creación entera, y que supera las contradicciones de la historia, como sugiere Chiara Lubich en un escrito suyo:
«[…] En la cruz, en la muerte de su Hijo, Dios nos dio la prueba suprema de su amor. Por medio de la cruz de Cristo, Él nos ha reconciliado con Él. Esta verdad fundamental de nuestra fe conserva hoy toda su actualidad. Es la revelación que toda la humanidad espera: sí, Dios está cerca con su amor a todos y ama apasionadamente a cada uno. Nuestro mundo necesita este anuncio, pero lo podemos hacer si antes lo anunciamos una y otra vez a nosotros mismos, para así sentirnos envueltos por este amor incluso cuando todo nos llevaría a pensar lo contrario […] Todo nuestro comportamiento debería hacer creíble esta verdad que anunciamos. Jesús dijo claramente que antes de llevar la ofrenda ante el altar deberíamos reconciliarnos con una hermana o hermano nuestro si tienen algo contra nosotros (cf. Mt 5, 23-24) […] Amémonos como Él nos amó, sin cerrazón ni prejuicios, sino abiertos a acoger y apreciar los valores positivos de nuestro prójimo, dispuestos a dar la vida unos por otros. Este es el mandato por excelencia de Jesús, el distintivo de los cristianos, tan válido hoy como en los tiempos de los primeros seguidores de Cristo. Vivir esta palabra significa convertirnos en reconciliadores».
Viviendo así, enriqueceremos nuestros días con gestos de amistad y reconciliación en nuestra familia y entre las familias, en nuestra Iglesia y entre las Iglesias, en cualquier comunidad civil o religiosa a la que pertenezcamos.
LETIZIA MAGRI
EXPERIENCIAS:
1.-        “…un corazón de carne...: me escuchaste, (y descargué mis preocupaciones, a pesar del poco tiempo del que dispones), con toda tranquilidad...y mucha generosidad. Gracias; todo en manos de Dios y la Virgen: con espíritu nuevo y mucho amor ,viviendo el hoy y mañana Dios dirá!! Ojalá pueda ir a los ejercicios de Cuaresma al Centro Mariápolis o mis ejercicios serán los que el Señor me mande…
 2.-“Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo”: quiero que cada vez más vivir la Palabra sea como “mi estilo de vida” y así trato de salir de mi comodidad; por ejemplo, en poco tiempo han fallecido familiares cercanos de tres personas conocidas en ciudades relativamente cercanas a la mía y he salido de viaje muy temprano para acompañarlas en su dolor durante el entierro.
O me ofrezco para lo que sea necesario. Por ejemplo, hace varias semanas que estoy llevando en coche a rehabilitación a una amiga.
2b.-“También intento no escatimar esfuerzos ni tiempo de dedicación a los demás, por ejemplo, con la presidencia de la comunidad de vecinos que tengo este año y que requiere bastantes llamadas, estar pendiente del desarrollo de las obras que se están realizando, etc. Muchas veces me pregunto: ¿es el amor, el bien del otro lo que me guía? Esto hace que tenga un coloquio íntimo más continuo con Dios y pueda amar “con un corazón nuevo”, siempre volviendo a empezar una vez tras otra que me encierro en mí misma.
2c.-“Esta PdV también me está ayudando, como dice el comentario, a tener “pensamientos de paz” hacia los hermanos: una vez iba por la calle, pasé por una “tienda de chinos” y me vino rápido un juicio negativo, pero también enseguida recordé la PdV y traté de cambiar mi corazón de piedra. Otro día, escuchando noticias en la TV, me vino el pensamiento “este mundo no tiene remedio”, pero me di cuenta que no podía resignarme ante los males que nos sobrepasan y me puse a rezar en esos momentos por tantas situaciones de la humanidad que no siguen el proyecto de Dios.
Estas experiencias me están ayudando a eliminar prejuicios que existen en mí, a veces de forma inconsciente, y poner mi granito de arena en construir “…un mundo nuevo en medio de la gran variedad de pueblos y culturas”
 3.-        “…he empezado hoy a trabajar como voluntaria los viernes por la mañana en un hospital. Y estoy en departamento de psiquiatría cogiendo el teléfono. Va a ser un desafío pero espero poner ayudar y contribuir en algo. Un abrazo fuerte desde aquí…
Estoy muy animada. La verdad es que mejor que nunca. Gracias siempre por estar con todos nosotros on site y on line!!…
 4.-        “…imagino que mi correo será uno entre los muchísimos que recibe. Como en muchas ocasiones le he comentado, usted ha sido una renovación de Fe en mi vida, haciendo que sea capaz de mejorar cada día como persona, mediante el ejemplo que me hace llegar en estos bonitos correos. A veces con la velocidad en la que vivo no me paro ni a pensar, pero cuando tengo un ratito libre, me gusta ir leyendo, de a trozos, los correos de la palabra de vida. Hoy que tengo 15 minutos mientras estoy en el coche esperando a que mi hija salga del cole, me gustaría aportar mi experiencia.
Este mes más centrada en tratar de poner en práctica la Palabra, he intentado ver con amor a personas que muchas veces me causan solo enfados. Dos de los niños más grandes son difíciles de trabajar porque me cuesta mucho la comunicación con los padres. He decidido dejar de quejarme de ellos y emplear más tiempo en escucharlos y asesorarlos, (sin cobrar nada extra), con paciencia, sin juzgar, sin pensar en que lo hacen mal: solo guiándolos como si de uno de mis niños se tratase, entendiéndolos y explicando las veces que sea necesario y escuchando sus inquietudes.
El fin de semana pasado fue una locura: entre ambas familias, tenía yo alrededor de 40 mensajes y unas 10 llamadas por día; a medida que pasaba el día y no tenía ánimos de atenderlos, le pedía a Dios paciencia y guía para actuar lo mejor posible para esas familias. Así voy entregando mis ratos "libres" con amor y en realidad vale la pena al llegar a la terapia esta semana y poder escuchar de parte de esos chicos que están más contentos y no han tenido problemas en casa.
Espero poder seguir mejorando cada día y así ayudar más, si en mis manos está hacerlo. De hecho hoy estuve hablando largo rato con una de estas madres que está muy afligida y en cama y la invité a venir a la misa con usted. Me dijo que quería hacerlo y que pasado mañana mismo quería comenzar. Ahora trataré de ajustar mi agenda, ya que si la voluntad de Dios es que yo la acompañe en este momento de esa manera, haré todo lo posible. 
Muchas gracias por todo…


1 de marzo de 2017

PAPA FRANCISCO EN LA CATEQUESIS: LA CUARESMA: SIGNO SACRAMENTAL DE NUESTRA CONVERSIÓN”

Texto y audio completo de la catequesis del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En este día, Miércoles de Ceniza, entramos en el Tiempo litúrgico de la Cuaresma. Y ya que estamos desarrollando el ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana, hoy quisiera presentarles la Cuaresma como camino de esperanza.
De hecho, esta perspectiva se hace enseguida evidente si pensamos que la Cuaresma ha sido instituida en la Iglesia como tiempo de preparación para la Pascua, y por lo tanto, todo el sentido de este periodo de cuarenta días es iluminado por el misterio pascual hacia el cual está orientado. Podemos imaginar al Señor Resucitado que nos llama a salir de nuestras tinieblas, y nosotros nos ponemos en camino hacia Él, que es la Luz. Y la Cuaresma es un camino hacia Jesús Resucitado. La Cuaresma es un periodo de penitencia, también de mortificación, pero no un fin en sí mismo, sino finalizado a hacernos resurgir con Cristo, a renovar nuestra identidad bautismal, es decir, a renacer nuevamente “desde lo alto”, desde el amor de Dios (Cfr. Jn 3,3). Por esto es que la Cuaresma es, por su naturaleza, tiempo de esperanza.
Para comprender mejor que cosa significa esto, debemos referirnos a la experiencia fundamental del éxodo de los Israelitas de Egipto, narrada en la Biblia en el libro que lleva este nombre: Éxodo. El punto de partida es la condición de esclavitud en Egipto, la opresión, los trabajos forzados. Pero el Señor no se ha olvidado de su pueblo y de su promesa: llama a Moisés y, con brazo poderoso, hace salir a los Israelitas de Egipto y los guía a través del desierto hacia la Tierra de la libertad. Durante este camino de la esclavitud a la libertad, el Señor da a los Israelitas la ley, para educarlos en el amor a Él, el único Señor, y para amarse entre ellos como hermanos. La Escritura muestra que el éxodo es largo y fatigoso: simbólicamente dura 40 años, es decir, el tiempo de vida de una generación. Una generación que, ante las pruebas del camino, es siempre tentada a añorar Egipto y volver atrás. También todos nosotros conocemos la tentación de regresar atrás, todos. Pero el Señor permanece fiel y esta pobre gente, guiada por Moisés, llega a la Tierra prometida. Todo este camino es realizado en la esperanza: la esperanza de alcanzar la Tierra, y justamente en este sentido es un “éxodo”, una salida de la esclavitud a la libertad. Y estos 40 días son también para todos nosotros una salida de la esclavitud del pecado a la libertad, al encuentro del Cristo Resucitado. Cada paso, cada fatiga, cada prueba, cada caída y cada salida, todo tiene sentido solo dentro del designio de salvación de Dios, que quiere para su pueblo la vida y no la muerte, la alegría y no el dolor.
La Pascua de Jesús es su éxodo, con el cual Él nos ha abierto la vía para alcanzar la vida plena, eterna y gozosa. Para abrir esta vía, este camino, Jesús ha debido despojarse de su gloria, humillarse, hacerse obediente hasta la muerte y la muerte de cruz. Abrirnos el camino a la vida eterna le ha costado toda su sangre, y gracias a Él nosotros somos salvados de la esclavitud del pecado. Pero esto no quiere decir que Él ha hecho todo y nosotros no debemos hacer nada, que Él ha pasado por medio de la cruz y nosotros “vamos al paraíso en un carruaje”. No, no quiere decir esto. No es así. Nuestra salvación es ciertamente un don suyo, pero, como es una historia de amor, requiere nuestro “si” y nuestra participación en su amor, como nos demuestra nuestra Madre María y después de ella todos los santos.
La Cuaresma vive de esta dinámica: Cristo nos precede con su éxodo, y nosotros atravesamos el desierto gracias a Él y detrás de Él. Él es tentado por nosotros, y ha vencido al Tentador por nosotros, pero también nosotros debemos con Él afrontar las tentaciones y superarlas. Él nos dona el agua viva de su Espíritu, y a nosotros corresponde tomar de su fuente y beber, en los Sacramentos, en la oración, en la adoración; Él es la luz que vence las tinieblas, y a nosotros se nos pide alimentar la pequeña llama que nos ha sido confiada el día de nuestro Bautismo.
En este sentido la Cuaresma es «signo sacramental de nuestra conversión» (Misal Romano, Oración colecta I Dom. de Cuaresma), quien realiza el camino de la Cuaresma esta siempre en el camino de la conversión. Es un signo sacramental de nuestro camino de la esclavitud a la libertad, siempre por renovar. Un camino ciertamente difícil, como es justo que sea, porque el amor es arduo, pero es un camino lleno de esperanza. Es más, diría además: el éxodo cuaresmal es el camino en el cual la esperanza misma se forma. La fatiga de atravesar el desierto – todas las pruebas, las tentaciones, las ilusiones, las visiones… – todo esto vale para forjar una esperanza fuerte, sólida, en el modelo de la Virgen María, que en medio a las tinieblas de la pasión y de la muerte de su Hijo continuó creyendo y esperando en su resurrección, en la victoria del amor de Dios.
Con el corazón abierto a este horizonte, entramos hoy en la Cuaresma. Sintiéndonos parte del pueblo santo de Dios, iniciamos con alegría hoy este camino de esperanza. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)