«Es además urgentísimo que se renueve en todos, sacerdotes, religiosos y laicos, la conciencia de la absoluta necesidad de la pastoral familiar como parte integrante de la pastoral de la Iglesia, Madre y Maestra. Repito con convencimiento la llamada contenida en la Familiaris consortio: “...cada Iglesia local y, en concreto, cada comunidad parroquial debe tomar una conciencia más viva de la gracia y de la responsabilidad que recibe del Señor, en orden a la promoción de la pastoral familiar. Los planes de pastoral orgánica, a cualquier nivel, no deben prescindir nunca de tomar en consideración la pastoral de la familia” (n. 70).


27 de febrero de 2015

"HAY UNA CONTRADICCIÓN EN PEDIR EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO SIN TENER FE"

Entrevista al secretario del Consejo Pontificio para la familia

Mientras la institución familiar permanece en el centro de las preocupaciones del Papa Francisco y de la Iglesia, a medio camino entre los dos sínodos dedicados a la familia, la agencia I.Media se ha encontrado con el secretario del Consejo Pontificio para la familia, monseñor Jean Laffitte.
 
El obispo francés ha hecho balance de los trabajos del último sínodo pero también de las sugerencias del Papa Francisco para simplificar los procesos de nulidad matrimonial.
 
Además, el secretario del dicasterio alienta una “verdadera preparación al matrimonio” y un “acompañamiento de los matrimonios celebrados”, en un contexto de incultura religiosa y de relativismo ético.
 
Con los sínodos de octubre de 2014 y de octubre de 2015, el Papa Francisco ha hecho de la familia una de las prioridades de su pontificado. ¿Cómo explicar esta opción?
 
Al final del pontificado de Benedicto XVI, hubo un sínodo sobre la nueva evangelización. Más de 100 padres sinodales citaron entonces a la familia como medio y lugar necesario para una nueva evangelización.
 
La familia no es sólo objeto de evangelización, es en primer lugar sujeto de evangelización, esencialmente por su testimonio. Por eso conviene que esté impregnada del Evangelio.
 
El Papa Francisco, por otra parte, ha percibido que la familia necesitaba ser alentada, reanimada. Se trata de ir al encuentro de las familias, para medir, en un paso pastoral, los sufrimientos y las heridas que son suyas.
 
Como nos encontramos en un contexto general de relativización de la institución familiar, es más necesario que nunca profundizar el designio de Dios sobre el amor humano, el matrimonio y la familia.
 
¿Cuáles son en su opinión los puntos cruciales que han emergido del sínodo precedente y deberían ser objeto de nuevas reflexiones el próximo octubre?
 
Hay dos acciones que han sido destacadas. La primera es reafirmar el valor fundamental de la institución familiar. Esto explica que hayan podido abordarse diversas cuestiones como el descenso de la natalidad, o los peligros de extender el término “familia” a uniones que no tienen nada de familiar, a uniones de otra naturaleza. Se trata de mostrar que la familia, célula fundamental de la sociedad, contribuye a su bien común.
 
La segunda acción se dirige a los cristianos. El matrimonio es un sacramento. El Concilio Vaticano II dice que en el momento de este sacramento, Cristo va al encuentro de los esposos para permanecer con ellos.
 
Pocas personas tienen conciencia de la santidad del matrimonio cristiano, porque muchos, actualmente, han crecido en un mundo privado de toda cultura cristiana.
 
Algunos piden el sacramento del matrimonio cuando nunca pisan la iglesia y no tienen la menor idea de lo que es un sacramento.
 
La Iglesia tiene el deseo de acoger, y al mismo tiempo, no puede dar un sacramento sin importar las condiciones. De ahí la preocupación de un gran número de padres sinodales de reforzar y profundizar en una verdadera preparación al matrimonio, que para algunos significa un catecumenado real.
 
Otros padres sinodales también se han referido a la necesidad de un acompañamiento de los matrimonios celebrados. Todo eso es lo esencial de lo que los padres sinodales han expresado, aunque algunos –en particular medios de comunicación- hayan acentuado ciertas cuestiones pastorales.
 
Respecto a la mejor preparación al matrimonio, el Papa sugirió recientemente a los miembros del Tribunal de la Rota Romana tener más en cuenta el criterio de la fe de los esposos en el momento de su “intención matrimonial” (un tema ya mencionado por Benedicto XVI). ¿Qué piensa usted?
Benedicto XVI ha reflexionado durante mucho tiempo sobre esta cuestión, desde principios de la década del 2000, como prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe.
 
El derecho de la Iglesia siempre ha establecido que no hay matrimonio posible entre dos bautizados que no sea sacramental. Esto significa que los bautizados pueden pedir legítimamente a la Iglesia este sacramento.
 
Pero hay una contradicción en pedir un sacramento y ser indiferente a lo que es el sacramento, o incluso simplemente al hecho de estar bautizado. Hay ahí un llamamiento, para los pastores, a considerar la manera como van a dar el sacramento y preparar a los novios.
 
¿El hecho de no tener fe invalida el sacramento? La respuesta es no: en sí misma, la ausencia de fe no quita el hecho de que entre dos bautizados el único matrimonio posible sea un sacramento.
 
Por el contrario, entre los motivos de nulidad que existen para un matrimonio sacramental, está el hecho de no adherirse a lo que se llama las propiedades esenciales del matrimonio (unidad, indisolubilidad).
 
En el contexto de incultura religiosa y de relativismo ético que prevalece en numerosas regiones del mundo, existe la duda sobre la verdadera comprensión –y aceptación- de la naturaleza del matrimonio y de sus propiedades esenciales.
 
En términos sencillos, ¿la persona que se presenta para casarse “sacramentalmente”, posee esa comprensión de la unidad y de la indisolubilidad del matrimonio, así como de su apertura a la vida?
 
Cuando dos jóvenes se plantean casarse pero no creen en la indisolubilidad –el carácter definitivo de su unión-, su matrimonio no puede más que ser nulo. Pero su matrimonio, en este caso, será nulo no porque no tengan fe, sino porque su falta de fe entraña una falta de adhesión a lo que hace que un matrimonio sea válido.
 
Hace sólo dos o tres décadas, cuando todo el mundo –creyentes y no creyentes- se adhería a estas propiedades del matrimonio, la cuestión de la falta de fe no se planteaba en estos términos. Actualmente, sólo la Iglesia enseña y transmite las propiedades del matrimonio.
 
El Papa Francisco ha creado una comisión especial encargada de simplificar y agilizar los procedimientos de las causas de nulidad matrimonial. ¿Es una buena solución? 
 
Seguro que se pueden lograr mejoras. Los padres sinodales lo han destacado. Sin embargo, el hecho de que existan procesos muy largos también es resultado de una historia legislativa de derecho y de sus finalidades, claro, de precauciones que la Iglesia ha tomado para preservar el vínculo conyugal.
 
Cuando hay varias mediaciones, varios escalones, el proceso puede parecer pesado. Pero hay que estudiar esta dificultad con una precaución extrema, una gran prudencia, para no dar a entender que ha disminuido la estima de la Iglesia por el vínculo conyugal que siempre ha defendido.
 
Durante el sínodo de octubre de 2014, algunos medios de comunicación mostraron a un Papa “progresista”, dispuesto a una mayor apertura a favor de los divorciados que se han vuelto a casar, del concubinato o incluso de las parejas homosexuales. ¿Esta versión se acerca a la realidad?
 
Se atribuyen al Papa las intenciones y convicciones que no son necesariamente las suyas. Hay que considerar realmente el conjunto de sus declaraciones. En Filipinas, exaltó de nuevo la importancia de la Humanæ Vitæ, ¡el texto más controvertido de los últimos 50 años!
 
Esta interpretación parcial y falseada de la que usted habla viene del hecho de que no se mide hasta qué punto el Papa está deseoso de llegar a las personas teniendo en cuenta sus pruebas y sus heridas.
 
Él se adhiere plenamente a las verdades del magisterio de la Iglesia; pero llama la atención de toda la Iglesia sobre la necesidad de valorar nuevos desafíos que se plantea, y lo hace con palabras fuertes o imágenes.

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